El destino de Empérica Capítulo Final!

Los viajeros, agotados, sacan fuerzas de donde no tienen.
Una vez encontradas las llaves, se proponen a abrir las celdas. En la primera encuentran a Renon, aquel enviado por Obama, que con su último suspiro les pide que lo entierren en el faro del fin del mundo. En la otra celda, muy maltrecho se encuentra Neso, quien les dice que tienen que proteger a la diosa.
Los viajeros entonces encomendan a Flick y a Flint el cuidado del gran oso, y se encaminan a la puerta de fuego. Allí, todos se desprenden de un arma que significa mucho para ellos y pasan el portal. Extrañamente, la que dice llamarse Ilse, pasa sin sufrir ninguna modificiación. En la próxima recamara, les dice que van a enfrentar a un mal mucho mas grande de lo que jamás hayan conocido, y que deben protejerla para que ella pueda cerrar el portal con una meditación. Y ahi les revela ser la encarnación humana de Gardenis, diosa de la Naturaleza.

Los guerreros, débiles pero de gran corazón, se encomiendan a Mordekai y a Gardenis y salen a una cámara cemicircular en donde encuentran al inmenso caballero negro, al conocido como Gulgomen, y a 3 monjes rojos. Sobre el techo se proyecta un portal por el cual salen criaturas no vivas, iluminadas por una mortecina luz verde.
El combate se entabla enseguida, con clara desventaja para la nuestros amigos. Uno a uno van cayendo, y uno a uno son revitalizados por los dotes curativos de Mithrandir. Emlin y Glorfimbul encaran a los monjes primero, los cuales son derrotados sin muchas dificultades, pero al enfrentar al guerrero negro, la cosa se complica. Glorfimbul encuentra una llave, la cual reconoce ser de la tercer celda, y corre hacia el portal arrojandola del otro lado. Vuelve a la batalla, solo para caer inconciente por un golpe del mazo del enemigo negro. Mientras tanto Ilse no puede concentrarse ya que tiene que hacerle frente a Gulgomen.
Es entonces, cuando en el último momento de desesperación, sucede algo que llena de esperanza a nuestros guerreros. Kiro, Renzo y Aramaz salen por la antecámara de la puerta y empiezan a enfrentar con hechizos y golpes a Gulgomen. Renzo es impactado por un rayo negro, el cual lo tumba de bruces al piso. Aramaz y Kiro se acercan cada vez más al malvado mago, generando un peligroso halo de luz.
Gardenis se dedica a cerrar el portal, mientras los combatientes que quedan en pie se enfrentan al caballero negro. De repente, Kiro abraza a Gulgomen y salta hacia el portal, el cual se cierracon un fuerte estruendo y un destello luminoso.

Al despertar, Emlin descubre que Aramaz ha quedado ciego, Renzo esta muerto con los ojos en blanco en un rincón y no hay rastros ni de Gardenis ni de Kiro. A un costado, el caballero negro con una cara absolutamente "liberada" pide perdón por sus hechos, y clama por Flick el trueno azul, diciendo ser Víctor, su amigo del alma, en un último suspiro. Luego la obscuridad envuelve todo.
Los héroes despiertan en la fortaleza del concejo, en donde caras amigables los saludan y los felicitan por su ayuda a Empérica. Lean les dice que él y Obama están charlando para decidir cual va a ser el destino político de Empérica, a lo cual la mayoría de la compañía se postula a favor de continuar con los señoríos. Lukarion, del cual se dice ser la reencarnación de Diarmuid, no quiere asumir como nuevo emperador, y sugiere a Yan como tal. Finalmente, tras una larga votación, se opta por continuar con los señoríos, con un énclave anual para discutir asuntos importantes.
Una placa conmemorativa es empotrada en las paredes de la fortaleza en honor a la hermandad del Aqualumen, quien se disuelve tras el éxito de la misión.
Luego de un día de reposo, Lukarion los llama en privado y les dice que el realmente es la reencarnación de Diarmuid y que tiene una misión muy importante para ellos, en las islas del sur. Les encomienda encontrar a su hermano perdido Valadon.
Así termina una historia, llena de aventuras, batallas, amigos perdidos y amigos ganados. Muchos de los pobladores de Empérica no saben cuánto le deben a estos héroes anónimos que nunca dejaron de luchar por sus ideales y el bien común.
Y aquí, donde todo empezó, en el Cuerno Rojo, se despiden, prometiendo encontrarse dentro de un mes, para emprender la misión que Diarmuid les encomendó.