En otra parte de Empérica, otros héroes enfrentan diferentes retos, que también tendrán importancia en el desenlace de esta guerra. Unos pocos aventureros son enviados a Montena por el Generalísimo Lukarion, en donde se rumorea un poder oscuro ha despertado.

Lukarion, tiene la esperanza de que estos intrépidos guerreros averigüen de qué se trata y de ser algo incontenible ponerle fin a la amenaza. Parte así la Compañía por tierras en guerra, cruzando por el puente del Río Seco, pasando por Los Brazos, en donde la situación es crítica, y la invasión está a la puerta. El miedo de los aventureros es quedar incomunicados en Montena, si Los Brazos llega a caer antes de que ellos resuelvan el misterio.
Al llegar a Montena son recibidos por el alcalde de la ciudad, quien les dice que en el claro del bosque, aullidos constantes se escuchan por la noche. Además les dice que la gente que lleva a sus cabras por la montaña, desaparece sin dejar rastro y que luces iluminan la noche fantasmagóricamente, provenientes de una Abadía abandonada hace años, en la Quebrada Roja. Su hija fue la última desaparecida.
La Compañía decide primero investigar el claro, en el bosquecito cerca del pueblo. Allí, una noche de luna menguante, se encuentran con un fantasma que les alerta de una Bestia que ha sido liberada por el Ejercito del Norte. La Bestia ha cruzado el Río Rojo y se ha escapado de sus amos. En ese instante, surge un monstruo con forma de Lobo Rabioso Gigante, desde la espesura del bosque y ataca ferozmente a los héroes. Estos batallan valientemente, pero son derrotados por la Bestia, siendo salvados a último momento por los espíritus del bosque.
Así retornan a Montena, recuperan fuerzas y deciden investigar la Abadía de las Montañas. Al llegar al lugar, encuentran un Templo Dorado, que tiene signos de estar habitado. Murmullos y cánticos se escuchan de dentro del edificio. En sigilo, los aventureros se adentran en la oscuridad de los pasillos, para llegar a un salón que expone un espectáculo macabro; unos monjes vestidos con túnicas Doradas y blancas están invocando a la Bestia para ofrecerle a la virgen para poder aplacar su sed, y permitirles controlarla.
Sin pensar dos veces, la Compañía se abalanza sobre los monjes y presenta feroz batalla, de la cual salen victoriosa. El ritual es revertido por la muchacha, quien resulta ser la guardiana del bosquecito lindante, amiga de los espíritus que en él habitan.
Así retornan al pueblo, solo para encontrarlo en vías de evacuación. Soldados del Ejército de Resistencia, bajo las órdenes de Lukarion, organizan el éxodo hacia Cruzolis, nuevo cónclave de las fuerzas de Empérica. También Los Brazos ha sido evacuada.
Al pasar sobre el puente del Río Seco, el Ejercito Orco se hace presente, bajo las órdenes de un hombre alto, de porte real, vestido de negro, con una máscara escarlata, llamado Noirakul. Las fuerzas de liberación, preocupadas en proteger a los evacuados, son replegadas y el puente es derribado por los arqueros de Bier, y los soldados de Yan. Marius batalla ferozmente con su infantería y los héroes ayudan con lo que pueden.
Al llegar a Cruzolis, Lukarion los felicita ampliamente, ya que el tiempo de la misión había sido justo. Unos días más, y la Abadía Dorada controlaría a la bestia. Y luego el Ejército del Norte, arrasaría con la Abadía y recuperaría un arma letal. Pero Los Brazos y Montena se han perdido bajo el yugo del enemigo.