CRÓNICA "El destino de Empérica"


Prólogo

Todo comienza en la taberna conocida como el Cuerno Rojo. Rumores de la movilización de un ejército de cualidades nunca antes vistas, procedente de Tínibla, el cual empieza a arrasar y conquistar las tierras del norte de Empérica, tierra de Señoríos pacíficos.
Por orden del Consejo de Señores del Este, aventureros de distantes tierras, campeones en cada una de las áreas, son convocados a Emperio, la ciudad más importante de los pueblos libres, capital y bastión de un crisol de razas y religiones.

1ra Parte- L a s a r m a s C e l e s t i a l e s

Los Señores les encomiendan la recuperación de las Legendarias Armas Celestiales, perdidas hace siglos en los mares del Sur, más precisamente en la Península de las Sirenas. Para esta misión los encomiendan a bordo del Puntal, galeón de guerra capitaneado por el Medio Orco Pérsafo. De esta manera los héroes enfrentan gélidos vientos y mareas enfurecidas para llegar a la Isla Ermitaña, donde buscan información en un bar de mala muerte. Terak, un enano, es el dueño del bar y les comenta, tras cervezas espumeantes servidas, que Barbaverde, un capitán enano pirata que reside en el Atolón Calavera, es el portador del Hacha Celestial.
Los héroes embarcan devuelta en el Puntal y se dirigen hacia la piedra en medio de los mares del sur. Al llegar emboscan la guarida de Barbaverde y tras una pelea con piratas y Trolls de las cavernas logran recuperar el Hacha. Emlin en un acto experimental, se baña en sangre troll, y el efecto en vez de ser mortal resulta todo lo contrario. Emlin adquiere poderes regenerativos y su barba se torna verde y se auto proclama Barbaverde II. Mithrandir, el mago, conoce a Guille el Troll, al cual su vida le ha sido perdonada, y se entabla una amistad particular.

Antes de morir, el capitán pirata les dice que el Escudo Celestial lo tiene un guerrero gigante en la isla de los Pingüinos.
Hacía allí sin demoras enfilan el barco los aventureros. En medio de una isla que no es más que nieve, hielos y unas montañas en el extremo oriental, encuentran a un pueblo primitivo, que se alimenta de la caza de focas y pesca todo tipo de seres. Allí descansan y son tratados como grandes señores. A la mañana siguiente, los héroes se dirigen hacia las montañas, en donde el pueblo de las nieves asegura se encuentra Nodens, el guerrero sudaca gigante. L-Ktel amaestra a un Bantha, y el trayecto se hace menos penoso.
Cuando encuentran al berserker se produce un enfrentamiento duro, frío y de cualidades épicas. Los aventureros triunfan pero no sin sufrir heridas severas. En la misma llanura donde se encontraba el gigante, L-Ktel encuentra flores gélidas, las cuales le habían sido encomendadas para él chaman de la aldea. Al volver al pueblo, entrega las flores, se queda con unas para uso personal y deja al Bantha sin cuernos al cuidado de esta gente.

Ya con el Escudo y el Hacha Celestiales, pero sin información que les dé la clave de adonde seguir la búsqueda, los aventureros retornan a la Isla Ermitaña. Allí Terak les proporciona un ápice de esperanza, diciendo que es probable que la Hechicera Amazona Lania, tenga alguna de las armas.
La compañía se dirige entonces al bosque de la Isla Ermitaña sin dudas, pero haciendo tanto ruido, que son fácilmente capturados por estas guerreras de aspecto atemorizante, y rudo. El único que logra escapar es Tyrin, el centauro metamorfo, que se convierte rápidamente en una pantera.
Lania los interroga sobre sus motivos en el bosque y los héroes explican que Terak les había señalado en esta dirección. Aquí Lania presenta una nueva perspectiva de la historia, diciéndoles que Terak es un jefe mafioso que está usando a la Compañía para liberarse de la competencia en todos los mares del Sur, para hacer de su dominio comercial absoluto. Dicho esto, y tras exigir algunos favores sexuales, Lania accede a entregar la Lanza Celestial si se le trae la cabeza de Terak.
Los aventureros aceptan la misión, sin mucha opción de acción, y vuelven al bar de Terak, para encontrarlo desierto, en sobre aviso. El pueblo agradece a los que han desoprimido sus vidas, y les comunican que el jefe mafioso se ha refugiado en el Atolón Calavera.
A diferencia de Barbaverde, Terak estaba esperando a la Compañía y la toma por sorpresa, pero la batalla logra ser revertida a favor de nuestros libertadores. La cabeza de Terak es obtenida y de sus manos es recuperado el Mayal Celestial, y el Atolón Calavera se convierte en estación para el barco de Emlin, el “Desertor”.
Al retornar con las Amazonas, se encuentran con la dificultad de que Lania ha sido raptada por un Comando Asesino, llamado la hermandad de la Rosa Blanca, con guarida en el Acantilado de las Lágrimas.

En momentos en que los aventureros están solos se les aparece un Mediano, quien les dice que desconfíen de Pérsafo. Diciendo que se llama Aramaz, desaparece, sin dejar rastro, pero sí a toda la compañía envuelta en el vicio de la duda.


Así es como prefieren seguir su viaje a bordo del Desertor, capitaneado por Emlin Barbaverde II. Desembarcan lejos del acantilado, y rehacen los kilómetros a pie. Así descubren por fin el Templo de las Armas Legendarias, pero deciden no seguir la investigación hasta haber encontrado las seis.
A pocas leguas del lugar, en el corazón de una muralla de rocas puntiagudas que ha arrastrado a miles de embarcaciones a su fin, y así le ha dado su nombre al Acantilado de las Lágrimas, se encuentra una plataforma que sirve de entrada a la guarida de la hermandad de la Rosa Blanca.
Los monjes logran poner fuera de combate enseguida a Flick, el trueno azul, aguerrido caballero solitario de costumbres poco usuales y sonoras, inclinando la balanza inmediata un poco a su favor. Pero la Compañía no se amedrenta y lucha hasta vencer, liberando a Lania de su calvario. Allí mismo se produce el intercambio de cabeza por lanza y Lania agradecida les dice que la hermandad de la Rosa Blanca tenia como fin seguir escondiendo las armas, para que nadie las posea y utilice sus poderes para desequilibrar el balance de Empérica. Y les comenta, que oyó que los monjes decían que el Cetro Celestial se encontraba en una plataforma subacuática custodiada por sirenas. Aquí la habilidad de Tyrin rinde fruto una vez más, al convertirse en tiburón y retribuir el cetro. Solo queda por encontrar la espada, de la cual no hay rastro de ninguna índole.

Al volver al barco, tras jornadas caminando bajo los gélidos vientos del sur, los aventureros se encuentran con que el Desertor está siendo atacado ni más ni menos que por el Puntal de Pérsafo. Se confirman las dudas que sembró el Halfling Aramaz, y la Compañía no duda en recuperar el barco de Emlin, el cual está siendo defendido por los que habían quedado a bordo.
Es en ese mismo instante donde descubren que Pérsafo es el portador de la Espada Celestial, y causa estragos en derredor. Aramaz, pelea defendiendo a los tripulantes del Desertor. Aquí la locura y el ímpetu de Glorfimbul Nuevededos, el que solía ser un pescador tranquilo, salva el día. Con un cañonazo del Puntal acribilla a Pérsafo, y con otro hunde el barco del malhechor.
Tras interrogar al segundo al mando, se descubre un gran complot, por el cual los Generales de la Invasión Orca del Norte habían logrado infiltrar a estos marinos para facilitar la obtención de las Armas Celestiales, y luego, al tenerlas todas juntas, robarlas, por la fuerza de haber sido necesario y utilizarlas para los fines de los Señores de Tínibla.

Los héroes con las seis Armas Celestiales ahora si recuperadas, retornan al templo Celestial. Allí siguen las instrucciones esculpidas en la pared y le quitan las maldiciones. En este momento de esplendor mágico y purificador aparece Brigael, un espíritu etéreo, quien tiene un mensaje para los aventureros.
Los elegidos para portar las armas celestiales son Lukarion, el generalísimo de las huestes de la Resistencia occidentales, llevará la espada. Aramaz, un mago muy poderoso de las llanuras del sur, portará el cetro, el cual le es entregado en ese mismo instante. Marius, uno de los Generales de Lukarion, al frente de la infantería, llevará el hacha. Bier, el segundo general, mediano pero no menos fiero por esto, encargado de la arquería, llevará la lanza. Y aquí el ángel nombra a los últimos dos elegidos. Medis, un guerrero desconocido, y para su gran sorpresa, Emlin portador del Mayal.